jueves, 21 de marzo de 2013

Denme un poco de paciencia

La paciencia es una gran virtud pero tiene su límite. Yo, en mi época de colegial, solía ser muy "reclamón", y lo sigo siendo, a veces. No toleraba ninguna "injusticia" o “tontería”, por así decirlo. No servía usar la razón porque como cualquiera sabe las autoridades escolares siempre tenían más razón que los alumnos. Eso me llevó a tener algunos problemas con ciertos profesores y demás personas. 


Cuando empecé mi último año de colegio empecé a tener unos problemas con dos profesoras: la de inglés y la madre de religión. El primer bimestre fue un caótico para mi conducta porque paraba teniendo conflictos con estas profesoras por estos reclamos y alguna que otra falta. Varias veces terminaba fuera del salón o tenía que ir a “Normas educativas” para explicarle al profesor mi problema, no es que yo sea tan problemático pero suele pasar. Hubo varias veces que simplemente era yo el alterado pero era por la frecuencia de estos problemas. Así que decidí pedirle ayuda a mi tutora sobre este problema que tenía y me dijo que, si pasaban estas cosas, no me queje directamente con las profesoras sino valla a hablar con ella. Entonces, por más que me costaba esa paciencia me dispuse a hacerlo.

Así, tuve que aprender a relajarme cuando entraba en esas situaciones, aprender a tener paciencia. Dejé de tener problemas con mis profesoras, mejoré mi nota de conducta en los demás bimestres y podríamos decir que me volví más tolerante y paciente con las personas. Finalmente terminé el año escolar con una gran promedio, tercio superior y mi conducta había mejorado considerablemente.


Problemas como este uno tiene que enfrentar seguidamente en su vida diaria porque la vida no es fácil, tiene sus tropiezos, dificultades, problemas. Así que hay que aprender a cómo manejarlos y cómo actuar en diferentes situaciones.

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